Las aventuras de Jorge, Sara y Pipo

Continúa la aventura editorial de Casterman en España, siempre de la mano de Panini. Tras la publicación de las 22 álbumes de Tintín en formato reducido (con polémica judicial incluida), tras la recuperación de las versiones originales en blanco y negro de los 9 primeros episodios (en idéntico formato de bolsillo), la editorial belga lanza al mercado las aventuras de Jo, Zette y Jocko. Hasta el momento ha publicado el díptico El Stratonef H22, dividido en dos álbumes: El testamento de Mr. Pump y Destino, Nueva York. Aunque en algunas webs ya aparece también a la venta El valle de las cobras.
Fiel a su discutida política de nuevas traducciones (que merecería un comentario aparte) el equipo Link no se limita a verter al español diálogos y textos de apoyo sino que ha renombrado la propia serie, y así Jo, Zette y Jocko ceden su puesto a Jorge, Sara y Pipo, tal vez buscando mayor cercanía al lector infantil pero desconcertando a los aficionados más clásicos.
Jo y Zette son una pareja de hermanos que tienen por mascota a un pequeño chimpancé llamado Jocko. No son desconocidos en España: en la contraportada de los álbumes de Tintín (en la edición clásica de Juventud y en la nueva edición Panini) aparecen en segundo plano, caminando de la mano por la isla donde se amontonan recuerdos del joven reportero. Protagonistas de cinco aventuras fueron abandonados por Hergé hacia mediados de los años 50 cuando, debido al creciente desinterés de Remi por inventar nuevas tramas, las propias aventuras de Tintín comenzaron a distanciarse en el tiempo.
Si los álbumes de Tintín formaron desde siempre parte de la biblioteca familiar (heredé muchos de mis hermanos), las aventuras de Jo, Zette y Jocko fueron una adquisición eternamente pospuesta, cuya lectura debo agradecer a bibliotecas públicas y a préstamos de amigos. Lectura esporádica y no siempre disponible por tanto, pero que desprendía un exotismo que la excesiva familiaridad a veces arrebataba a Tintín. Exotismo ya presente en los propios títulos de la serie (El Manitoba no contesta, La erupción del Karamako) que evocaban territorios helados que conquistar jugando al Risk o volcanes perdidos en los mares del sur.
En Conversaciones con Hergé, de Numa Sadoul, se da cuenta del origen de esta serie. A finales de 1935 el semanario católico francés Coeurs Vaillants, que publicaba las aventuras de Tintín, se dirigió a Hergé haciéndole la siguiente petición:
Entre 1936 y 1939 Coeurs Vaillants publicará tres aventuras de estos nuevos héroes (El Stratonef H22, El rayo misterioso y el comienzo de El valle de las cobras). Jo, Zette y Jocko ofrecen un universo aventurero paralelo al Tintín de preguerra: en ambas series son corrientes los viajes en lujosos trasatlánticos, los aviones que sobrevuelan el océano, los secuestros infantiles o las persecuciones en todo tipo de vehículos. Sin embargo mientras Tintín es un reportero que se enfrenta a bandas internacionales de narcotraficantes y falsificadores cuando no participa en importantes intrigas políticas, Jo y Zette son verdaderos niños que juegan con cubos y arena en la playa. No persiguen aventuras sino que se ven envueltos en ellas. Sus tramas, con ciertos ribetes de ciencia ficción, se acercan más a la novela juvenil tradicional: en ellas no son extraños los sabios locos, los robots que escapan de todo control, las erupciones volcánicas, los caníbales, etc. Contradiciendo la proverbial misoginia de Hergé, la valiente Zette no cede protagonismo a su hermano y pilota tanques submarinos y empuña revólveres con idéntica determinación y coraje.
En 1939, al igual que ocurrió con Tintín en el país del oro negro, la Segunda Guerra Mundial interrumpe la publicación de la tercera aventura del duo de hermanos -El valle de las cobras- en su página 25. Jo y Zette no encontran cobijo en otro periódico durante la contienda. Deben esperar hasta 1948 para que sus aventuras vuelvan a ver la luz en el semanario Tintín, nacido dos años antes de la mano de Hergé y el editor Raymond Leblanc. El fulminante éxito de la publicación no eliminó el malestar íntimo del autor, expresado en inesperadas desapariciones que dejaban en suspenso las aventuras de Tintín. Para aliviar su carga de trabajo y cumplir su compromiso con los lectores Hergé decide reciclar viejos episodios. En mayo de 1948 se inicia la publicación en color de El Stratonef H22. En septiembre retomará la aventura de Tintín en el país del oro negro. De este modo cumple su promesa: cada número de la revista Tintín contendría dos páginas firmadas por Hergé.
La segunda andadura de las aventuras de Jo, Zette y Jocko se prolonga hasta 1954. Publicados los dos episodios terminados Remi encarga a su nuevo colaborador Jacques Martin, incorporado a los Studios Hergé en 1953, la finalización del episodio El valle de las cobras, completando entre ambos el guión. El concienzudo trabajo de Martin se publicará en la revista a partir de enero de 1954, pero como en el álbum posterior, la firma será únicamente de Hergé.
El valle de las cobras es considerada la más tintinesca de las aventuras de Jo y Zette. Supone además la vuelta de Hergé a la India, un universo ya tratado en Los cigarros del faraón y latente en otras aventuras de Tintín. El personaje clave de la aventura es el Maharajá de Gopal, un divertido déspota con ademanes de niño malcriado que maltrata a su visir pero alberga un buen corazón. Tras conocer a Jo y a Zette encarga a su padre, el ingeniero Legrand, la construcción de un puente que atraviese el Valle de las cobras y alivie las penalidades de su súbditos. Pendenciero, infantil, travieso, el Maharajá fue visto por el propio Hergé como una especie de Abdallah adulto, aunque a diferencia del joven príncipe de El Khemed el propio Maharajá padece las consecuencias fatales de sus ocurrencias en numerosas ocasiones, acercándose de algún modo al sufrido Haddock. Hergé tomó cariño al personaje y conciencia de sus posibilidades, permitiéndole acceder (de palabra) a las aventuras de Tintín. Así en Las joyas de la Castafiore se le cita como un antiguo pretendiente de la diva italiana a la que regaló la más preciada de sus famosas joyas: una hermosa esmeralda que da mucho juego en la aventura. No contento con ello Hergé proyectó incluirlo entre los coleccionistas que eran seducidos por el arte Alfa en el episodio que dejó inacabado a su muerte.
En un interesante artículo dedicado a Los otros hijos de Hergé, Salvador Vázquez de Parga advirtía que el encuentro con el Maharajá y la aproximación al universo tintinesco fueron fatales para Jo y Zette, que cedieron su pequeño pero esencial carácter distintivo con su hermano de largo tupé. No habría nuevas aventuras para el pequeño Tintín de mechones negros que respondía al nombre de Jo y de su intrépida hermana Zette.
No obstante la herencia de la familia Legrand no se perdió del todo. Hacia 1970 Hergé encargó al prolífico Bob de Moor retomar alguno de los guiones de Greg desechados para Tintín, adaptándolo para que fueran protagonizados por Jo y Zette. De Moor comenzó a abocetar las páginas pero finalmente el proyecto se desestimó. Anteriormente, el propio Greg introdujo en la trama de la película Tintín y el lago de los tiburones a dos hermanos sildavos, , intrépidos y valientes que, tras salvar a Tintín de un accidente, son secuestrados e intentan escapar a bordo de un tanque submarino. Ecos de Jo y Zette en El rayo misterioso se encierran en ese guión.
Esperemos que Casterman-Panini no limite su edición de Jo y Zette (o Jorge y Sara) a los álbumes en color y regalé a los aficionados españoles la edición de las aventuras originales en blanco y negro que publicó antes de la guerra Coeurs Vaillants, recientemente rescatada en Bélgica. Y dado que detenta los derechos de casi todas las aventuras del personaje, sería una grata sorpresa ver publicadas en España las aventuras de Alix de Jacques Martin, en formato grande o pequeño, reeditando títulos ya conocidos en nuestro país por anteriores ediciones o atreviéndose con nuevos episodios. Ahora que Glenat se anima con la serie Los viajes de Alix, algunos aficionados (esos que pagan 60 € por una edición de Oikos tau de El último espartano) agradecerían sobremanera la deferencia.
Fiel a su discutida política de nuevas traducciones (que merecería un comentario aparte) el equipo Link no se limita a verter al español diálogos y textos de apoyo sino que ha renombrado la propia serie, y así Jo, Zette y Jocko ceden su puesto a Jorge, Sara y Pipo, tal vez buscando mayor cercanía al lector infantil pero desconcertando a los aficionados más clásicos.
Jo y Zette son una pareja de hermanos que tienen por mascota a un pequeño chimpancé llamado Jocko. No son desconocidos en España: en la contraportada de los álbumes de Tintín (en la edición clásica de Juventud y en la nueva edición Panini) aparecen en segundo plano, caminando de la mano por la isla donde se amontonan recuerdos del joven reportero. Protagonistas de cinco aventuras fueron abandonados por Hergé hacia mediados de los años 50 cuando, debido al creciente desinterés de Remi por inventar nuevas tramas, las propias aventuras de Tintín comenzaron a distanciarse en el tiempo.
Si los álbumes de Tintín formaron desde siempre parte de la biblioteca familiar (heredé muchos de mis hermanos), las aventuras de Jo, Zette y Jocko fueron una adquisición eternamente pospuesta, cuya lectura debo agradecer a bibliotecas públicas y a préstamos de amigos. Lectura esporádica y no siempre disponible por tanto, pero que desprendía un exotismo que la excesiva familiaridad a veces arrebataba a Tintín. Exotismo ya presente en los propios títulos de la serie (El Manitoba no contesta, La erupción del Karamako) que evocaban territorios helados que conquistar jugando al Risk o volcanes perdidos en los mares del sur.
En Conversaciones con Hergé, de Numa Sadoul, se da cuenta del origen de esta serie. A finales de 1935 el semanario católico francés Coeurs Vaillants, que publicaba las aventuras de Tintín, se dirigió a Hergé haciéndole la siguiente petición:
Usted comprenderá, Tintín no está mal, incluso está bien. Sólo que no se gana la vida, no tiene padres, no va al colegio, no come, no duerme. Nos gustaría una serie del mismo género, con el mismo espíritu pero donde el héroe tuviera un padre, una madre, una hermana pequeña y un animal familiar.Hergé no sabe si atender la demanda, que no esconde una crítica subterránea a su trabajo. Al llegar a casa le aguardan varios juguetes para un trabajo de publicidad. Entre ellos un pequeño mono llamado Jocko. A partir del juguete Hergé crea toda una familia de personajes: un padre ingeniero, una madre atenta y dos intrépidos hijos, Jo y Zette, de naciolalidad francesa y apellido Legrand. Jocko, el pequeño chimpancé, completa la familia, más exótico e inteligente que cualquier otra mascota.
Entre 1936 y 1939 Coeurs Vaillants publicará tres aventuras de estos nuevos héroes (El Stratonef H22, El rayo misterioso y el comienzo de El valle de las cobras). Jo, Zette y Jocko ofrecen un universo aventurero paralelo al Tintín de preguerra: en ambas series son corrientes los viajes en lujosos trasatlánticos, los aviones que sobrevuelan el océano, los secuestros infantiles o las persecuciones en todo tipo de vehículos. Sin embargo mientras Tintín es un reportero que se enfrenta a bandas internacionales de narcotraficantes y falsificadores cuando no participa en importantes intrigas políticas, Jo y Zette son verdaderos niños que juegan con cubos y arena en la playa. No persiguen aventuras sino que se ven envueltos en ellas. Sus tramas, con ciertos ribetes de ciencia ficción, se acercan más a la novela juvenil tradicional: en ellas no son extraños los sabios locos, los robots que escapan de todo control, las erupciones volcánicas, los caníbales, etc. Contradiciendo la proverbial misoginia de Hergé, la valiente Zette no cede protagonismo a su hermano y pilota tanques submarinos y empuña revólveres con idéntica determinación y coraje.
En 1939, al igual que ocurrió con Tintín en el país del oro negro, la Segunda Guerra Mundial interrumpe la publicación de la tercera aventura del duo de hermanos -El valle de las cobras- en su página 25. Jo y Zette no encontran cobijo en otro periódico durante la contienda. Deben esperar hasta 1948 para que sus aventuras vuelvan a ver la luz en el semanario Tintín, nacido dos años antes de la mano de Hergé y el editor Raymond Leblanc. El fulminante éxito de la publicación no eliminó el malestar íntimo del autor, expresado en inesperadas desapariciones que dejaban en suspenso las aventuras de Tintín. Para aliviar su carga de trabajo y cumplir su compromiso con los lectores Hergé decide reciclar viejos episodios. En mayo de 1948 se inicia la publicación en color de El Stratonef H22. En septiembre retomará la aventura de Tintín en el país del oro negro. De este modo cumple su promesa: cada número de la revista Tintín contendría dos páginas firmadas por Hergé.
La segunda andadura de las aventuras de Jo, Zette y Jocko se prolonga hasta 1954. Publicados los dos episodios terminados Remi encarga a su nuevo colaborador Jacques Martin, incorporado a los Studios Hergé en 1953, la finalización del episodio El valle de las cobras, completando entre ambos el guión. El concienzudo trabajo de Martin se publicará en la revista a partir de enero de 1954, pero como en el álbum posterior, la firma será únicamente de Hergé.
El valle de las cobras es considerada la más tintinesca de las aventuras de Jo y Zette. Supone además la vuelta de Hergé a la India, un universo ya tratado en Los cigarros del faraón y latente en otras aventuras de Tintín. El personaje clave de la aventura es el Maharajá de Gopal, un divertido déspota con ademanes de niño malcriado que maltrata a su visir pero alberga un buen corazón. Tras conocer a Jo y a Zette encarga a su padre, el ingeniero Legrand, la construcción de un puente que atraviese el Valle de las cobras y alivie las penalidades de su súbditos. Pendenciero, infantil, travieso, el Maharajá fue visto por el propio Hergé como una especie de Abdallah adulto, aunque a diferencia del joven príncipe de El Khemed el propio Maharajá padece las consecuencias fatales de sus ocurrencias en numerosas ocasiones, acercándose de algún modo al sufrido Haddock. Hergé tomó cariño al personaje y conciencia de sus posibilidades, permitiéndole acceder (de palabra) a las aventuras de Tintín. Así en Las joyas de la Castafiore se le cita como un antiguo pretendiente de la diva italiana a la que regaló la más preciada de sus famosas joyas: una hermosa esmeralda que da mucho juego en la aventura. No contento con ello Hergé proyectó incluirlo entre los coleccionistas que eran seducidos por el arte Alfa en el episodio que dejó inacabado a su muerte.
En un interesante artículo dedicado a Los otros hijos de Hergé, Salvador Vázquez de Parga advirtía que el encuentro con el Maharajá y la aproximación al universo tintinesco fueron fatales para Jo y Zette, que cedieron su pequeño pero esencial carácter distintivo con su hermano de largo tupé. No habría nuevas aventuras para el pequeño Tintín de mechones negros que respondía al nombre de Jo y de su intrépida hermana Zette.
No obstante la herencia de la familia Legrand no se perdió del todo. Hacia 1970 Hergé encargó al prolífico Bob de Moor retomar alguno de los guiones de Greg desechados para Tintín, adaptándolo para que fueran protagonizados por Jo y Zette. De Moor comenzó a abocetar las páginas pero finalmente el proyecto se desestimó. Anteriormente, el propio Greg introdujo en la trama de la película Tintín y el lago de los tiburones a dos hermanos sildavos, , intrépidos y valientes que, tras salvar a Tintín de un accidente, son secuestrados e intentan escapar a bordo de un tanque submarino. Ecos de Jo y Zette en El rayo misterioso se encierran en ese guión.
Esperemos que Casterman-Panini no limite su edición de Jo y Zette (o Jorge y Sara) a los álbumes en color y regalé a los aficionados españoles la edición de las aventuras originales en blanco y negro que publicó antes de la guerra Coeurs Vaillants, recientemente rescatada en Bélgica. Y dado que detenta los derechos de casi todas las aventuras del personaje, sería una grata sorpresa ver publicadas en España las aventuras de Alix de Jacques Martin, en formato grande o pequeño, reeditando títulos ya conocidos en nuestro país por anteriores ediciones o atreviéndose con nuevos episodios. Ahora que Glenat se anima con la serie Los viajes de Alix, algunos aficionados (esos que pagan 60 € por una edición de Oikos tau de El último espartano) agradecerían sobremanera la deferencia.
