12 octubre 2002

They are only tears



At last there were only Akela, Bagheera, and perhaps ten wolves that had taken Mowgli´s part. Then something began to hurt Mowgli inside him, as had never hurt in his life before, and he caught his breath and sobbed, and the tears ran down his face.

“What is it? What is it?” he said. “I do not wish to leave the jungle, and I do not know what this is. Am I dying, Bagheera?”

“No, Little Brother. That is only tears such as men use,” said Bagheera. “Now I know thou art a man, and a man´s cub no longer. The jungle is shut indeed to thee henceforward. Let them fall, Mowgli. They are only tears”. So Mowgli sat and cried as though his heart would break; and he had never cried in all his life before.


Cuando el tío de Mark Lee lee estas líneas de Kipling al comienzo de Gallipolli ante un público de niños boquiabiertos está anunciando a su sobrino que su deseo de alistarse, de abandonar su carrera de atleta, le conducirá a abandonar definitivamente la niñez y la pubertad y adentrarse en la edad adulta, donde el tiempo empieza a descontarse, los cronómetros se rompen y la única meta es ya la muerte. Entonces él (o Mel Gibson, o cualquiera de nosotros) llorará con nuevas lágrimas que rompen el corazón; lágrimas, como afirma Bagueera, como las que suelen usar los hombres; lágrimas distintas a las de la niñez, que demuestran que no seremos nunca más un cachorro de hombre y que la jungla, la selva, el jardín del Edén están cerrados para siempre para nosotros. Fuera del limbo no hay descanso.

Yo también he enjuagado esas lágrimas que no proceden de una caída ni de un golpe, ni tampoco de un enfado fingido con el que llamar la atención de los padres desatentos, sino de una quebrazón interior imposible de detener, de un reniego de la vida (un amigo, un amor, una ilusión) que te obliga a cambiar de perspectiva. Casi siempre son pequeñas gotas que abrillantan las pupilas, escondidas sin que nadie pueda darse cuenta. Pero a veces son incontenibles y rompen a raudales los cauces de los ojos para correr desperdigadas por nuestro rostro, como un arroyo desbordado por las lluvias. Hay que dejarlas caer, they are only tears.

Viendo el otro día Gallipolli en DVD me impresionó esta escena del comienzo, que no recordaba. Una escena que, de una forma u otra, se repite en cientos de películas. El poder de la palabra, de los libros, de la literatura. El cine, el arte visual por excelencia, debe acoger a su viejo padre de la narración oral, de la lectura compartida. Y no importa el libro que se lea, puede ser Kipling o Tintín (como en Kramer contra Kramer) porque lo esencial es que nos devuelve a esa hora mágica del descubrimiento del mundo, cuando de unos signos extraños trazados sobre papel blanco, a veces combinados con hermosos dibujos, de los pequeños insectos de diferentes formas que describía asombrado Jonh Clayton III cuando todavía se llamaba Tarzán y no conocía la lengua de los hombres, nuestro padre, nuestro tío o nuestro hermano extraen narraciones fabulosas, hazañas desconocidas, sentimientos cercanos, historias que van más allá de los ojos porque se esconden en nuestro cerebro e imaginamos a una pantera negra de esplendoroso pelaje hablando con un niño desnudo y lloroso que acaba de arrojar la flor roja sobre los lobos que consideraba hasta entonces sus hermanos.

No recordaba esta escena de Gallipolli, tampoco recordaba esa escena del libro: Akela el solitario lobo gris jefe de manada, la flor roja, el repudio de la manada hacia Mowgli, Mamá Loba, Papá Lobo y el pueblo libre. Lo cierto es que mi conocimiento de El Libro de la Selva bebe en la adaptación en comic que Juan Arranz hizo para Trinca y no en las fuentes originarias de Kipling. Pero al escuchar a *** recitar las palabras de Kipling la última frase ha brotado al unísono de la pantalla y de mis labios: they are only tears, como una verdad escrita y escondida en mi interior, casi olvidada pero recuperable. Nunca se aprende como se aprende en la infancia.

Leyendo, que no releyendo, el original Jungle Book de Kipling compruebo que la adaptación de Juan Arranz era magnífica, como la de El fantasma de Canterville, como la de Robinson Crusoe. Prácticamente estaba todo allí: las palabras de Kipling; el pueblo libre; Raskha (el demonio), madre adoptiva de Mowgli, la ranita; Shere Khan y el toro que compró la vida de Mowgli. Todo acompañado de unas magníficas ilustraciones que daban vida a la narración. Solo algunos detalles que no recuerdo (¿los he olvidado o Arranz los eliminó?): Tabaqui, el chacal siervo de Shere Khan, el nacimiento en cautividad de Bagheera. Me gustaría recuperar el libro. ¿Qué habrá sido de los fondos de Trinca y de Doncel que atesoraba el Ministerio de Cultura? Recuerdo haberlos visto en una caseta de la feria del libro de Madrid hace más de 20 años. ¿Se saldaron los fondos o se destruyeron, para ahorrar espacio o dinero?